En las ciudades, debería llover hasta que las plantas tengan su agua y los coches estén limpios. El resto de agua debería dirigirse a los pantanos (u otro sitio adecuado). También tendría que tener un límite de intensidad, y no venir acompañada de viento.
Como no es el caso, queda oir llover, contemplar los árboles bajo la lluvia (les queda bien la lluvia), notar el pantalón y/o los zapatos mojados (lo primero a veces y lo segundo siempre desagradable), intentar no mirar todo el azahar bajo los árboles (está muy mojado como para llevárselo. Aunque, ¿qué tal macerar azahar en alcohol y agua de lluvia?),...
Me recuerda al protagonista de "El perfume", coleccionando olores... guardándolos para tenerlos cuando quisiera.
Pero si el sol es tan bacan!.
Saludos Parchesianos.
Niha, al menos he vuelto a recordar lo que se siente al pisar los charcos ;-)
Un día la chica del desayuno deseó que la lluvia supiese a menta, y se cerrase y abriese con un grifo...
Sería genial, eh??
Un besazo
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