Un buen día te haces con un blog. Le das muchas vueltas al título y al final lo pones de forma impulsiva. Empiezas a escribir. Luego piensas en si darle algún tipo de estilo, si ceñirte a un personaje, cómo hacer para resultar interesante (¿querías resultar interesante?), si empezar otro/s, si cerrarlo, si reabrirlo... Al final (no final definitivo), acabas por no acatar pausas (Aunque, al fin y al cabo, se trataba sólo de posibilidad y no de obligación...).
Cualquier otro día, podemos hablar de cómo tener mucho que hacer es la excusa perfecta para acabar no haciendo nada.
Escribe para ti, no para los demás....