No le iba a decir que se lo cambiara, por supuesto. Pero eso de ver su nombre aquí y allí y pensar ¿será? ¿habrá escrito eso? le irritaba, por ser un recordatorio de la clase de historias que se montaba en su cabeza.
Las mismas historias que en ocasiones tentaban a convertir la falta de contacto en algo definitivo.
Quiero creer que no existe lo definitivo.
Yo también lo espero para la mayor parte de los casos.
Yo hace poco que me cambié el mio...