Hoy volví temprano, así que en lugar de abrir la puerta de casa, abrí la puerta del ascensor para ir a la azotea. Cuando llegué, la puerta estaba cerrada, y yo no tenía la llave.
Un siguiente paso lógico en este caso sería ir a casa. Opté por la lógica, y me fui a casa tomando esta vez las escaleras, a pesar de su complejidad (bueno, al menos subir subirlassi es complicado). Al fin y al cabo, se trata tan sólo de cuatro pisos más los peldaños hacia la azotea.
Tuve entonces otro de esos momentos de extrañeza de lo cotidiano. Tal vez por ver un descansillo como el de mi planta, pero sin ser mi planta. La misma forma de pasillo, las mismas puertas de los ascensores, puertas diferentes de los pisos. Creo que me metí demasiado en el momento; cuando llegué a mi planta tuve que leer el letrero de "1ª planta" con fuente estilo años setenta para asegurarme que era allí, y luego la placa en la puerta. Creo que la nuestra es la única puerta con placa.
Lo cierto es que casi todos los días cuando llego a la puerta me quedo un momento mirando esa placa. No porque sea nueva (lleva ahí más tiempo que yo). Tal vez por esa costumbre de mirar con extrañeza lo cotidiano, o por lo que era cotidiano antes y ya no...
es cierto... nos rodean objetos y cosas que están "desde siempre" y nos hemos habituado a que formen parte del decorado de nuestra vida, que no nos preguntamos como ni cuando llegaron...